ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

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viernes, 30 de marzo de 2018

JESÚS HA MUERTO

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Jn 18, 1-9. 42
Hoy muere el Señor, y todo se vuelve oscuro y derrotista. Los que le condenaron han vencido. Jesús está solo y varios amigos piden bajarlo para enterrarlo. Su periplo parece haber llegado al final. Ha sido condendado y llevado al matadero como oveja muda y en silencio. Todo nos lleva a visa de derrota y  fracaso. Muchos empiezan el regreso.

Son momentos de reflexión y de espera. Espera, que para uno llevan a caminos de abandono, y, para otros, de resignación y volver a la normalidad. Realmente, ¿qué nos sucede? ¿No hemos comprendido el mensaje de la buena Noticia? ¿Aceptamos el fracaso de Jesús?

Percibimos que la muerte de nuestro Señor Jesús no es el final. Él ha superado todas las pruebas y la gente ha comprobado la fortaleza de su Amor. El centurión ha llegado a pronunciar: "Verdaderamente este era Hijo de Dios". Nace la esperanza y la gloria en la Resurrección de Jesús. El aparente fracaso se vuelve en alegría y triunfo. Jesús ha Resucitado. Es el triunfo del Amor.

En silencio y en paz meditemos esta inmensa alegría, porque también nosotros resucitaremos con y en Jesús. Recordemos todo lo que el Señor nos ha dicho y como todo empieza a despertar dentro de nosotros. Hemos descubierto la Vida y hemos sido creados para Vivir. La muerte es simplemente un tramite que marca el final de nuestro camino en este mundo y da comienzo al verdadero de Vida Eterna.

Y en Jesús tenemos la promesa de tener una Vida Eterna plena de felicidad, paz y amor. Nos quedamos en silencio todo este viernes y sábado hasta experimentar que la muerte ha sido vencida. El domingo todas nuestras esperanzas renacen de nuevo, pero ahora para no irse nunca, para permanecer en la eternidad.

jueves, 29 de marzo de 2018

DESCUBRIR QUE JESÚS ME AMA

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La Pasión de nuestro Señor Jesús es la declaración más hermosa y única del gran amor que nos tiene. Porque, no se puede decir mejor ni de forma más entregada y total que dando la vida por aquellos a los que ama. Jesús no ha guardado el menor sacrificio y esfuerzo de amor por el hombre, a quien quiere salvar de la esclavitud del pecado. El Evangelio de hoy lo resume de una manera integra y perfecta: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo".

Y, podemos decir, que continúa amándonos hasta que perdamos esa oportunidad. Porque, tenemos un plazo, y es nuestra vida, tras la cual perdemos ese hermoso Tesoro de Vivir en plenitud para toda la Eternidad en la presencia de Padre Dios. Mientras, el Señor, que nos ha creado libres y espera nuestra respuesta, nos espera con los brazos abiertos. A pesar de nuestras indiferencias; a pesar de nuestros rechazos; a pesar de nuestros insultos, de nuestras burlas y pecados. Jesús ha entregado su Vida por cada uno de nosotros y su Amor es un verdadero compromiso hasta el final.

Sería absurdo por parte del hombre desperdiciarlo cambiándolo por cosas caducas de este mundo. Porque, todo lo que el mundo nos ofrece son chatarras y hojalatas revestidas de brillantes, que, a poco que pasa el tiempo se corroen y llena de herrumbre y polilla, o en su defecto lo roban los ladrones. No hay mayor Tesoro que aspirar el Reino del Cielo, y ese es el Reino al que nos invita Jesús.

En estos principales días de Semana Santa podemos tomar conciencia del gran amor que el Señor nos tiene. Una Amor que no merecemos, pero que el Señor nos regala gratuitamente por su gran Misericordia. Seremos nosotros los que tengamos que responder a esa llamada, porque somos libres para decidir. Posiblemente nos cuestes, pues somos débiles y el mundo nos pone muchas trampas y dificultades. 

Pero no estamos solos, Tenemos con nosotros al Espíritu Santo, que nos fortalece, nos ilumina, nos alumbra el camino y nos asiste con sabiduría para que sepamos discernir y tomar el recto camino. Y también tenemos a la comunidad, a nuestra Madre la Iglesia, donde nos vemos, nos animamos y fraternizamos en amor en la presencia del Señor.

miércoles, 28 de marzo de 2018

LA CODICIA DEL DINERO

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Mt 26, 14-25
Se suele decir, y no sin verdad, que el dinero es un peligro. Eso no significa que en sí el dinero sea malo, pues es necesario para el desarrollo de la vida y la convivencia entre los pueblos. Con el dinero se establece unos valores que hace que las familias y las personas encuentre todo lo necesario para su sustento y para el desarrollo de sus vidas.

Sin embargo, el dinero también puede presentar una amenaza cuando, contagiado por la codicia el hombre persigue más dinero que el que necesita con la intención de ser más poderoso, más fuerte y dominar a otros más débiles. Es en este punto donde empieza la amenaza y el peligro del dinero. Porque, en lugar de ayudar y favorecer la convivencia, incluso hasta dentro de las familias, las enfrenta y, en consecuencia, también a los pueblos. Nace entonces el enfrentamiento por el poder; nace la venganza y se rompe la convivencia y la paz.

El Evangelio de hoy nos presenta ese problema Judas Iscariote, administrador del grupo de Jesús, planteó a los sumos sacerdotes la posibilidad de entregarles a Jesús a cambio de una cantidad. El caso se cerró por treinta monedas de plata, pero quedó abierto a la traición y a la codicia. Hoy, muchas personas son vilmente explotadas, sometidas y traicionadas por codicia y ansias de poder. Y podíamos repetir como en otras ocasiones que poco han cambiado los tiempos. La traición por dinero sigue vigente.

Pero, a nosotros nos vendría bien no fijarnos tanto en Judas cuanto en nosotros. Porque, ¿estaremos nosotros realizando el papel de Judas en nuestra vida? Y no sólo en cuanto al dinero, sino a otras actitudes que, guardándolas, las negamos a compartir con los demás. Tales son, nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestras actitudes y facultades...etc.

Tratemos de mirar para nosotros mismos y experimentar si realmente nosotros estamos lejos de ese papel que vivió Judas Iscariote o lo estamos ejecutando tan o mejor que él. Confiemos que, por la Gracia de Dios, podemos superar todas esas tentaciones que nos amenazan.

martes, 27 de marzo de 2018

LEJOS DE JESÚS TODO SE HACE OSCURIDAD

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Jn 13,21-33.36-38
Todos tenemos experiencia de fracasos y decepciones, pero sería malo no aprender de esos fracasos. Cuando queremos emprender el camino por nosotros mismos, creyéndonos preparados y autosuficientes, la oscuridad empieza a apoderarse de nuestra vida. La parábola del hijo pródigo -Lc 15, 11-32- nos lo deja ver muy bien, y se repite con mucha frecuencia en nuestras vidas.

El pecado, siendo el veneno que nos mata y nos aleja de Dios, no es lo más importante, porque ante él está la Misericordia de Dios. Estaríamos hablando de condenación sin la Pasión del Señor. Precisamente, esta Semana grande nos visualiza el Amor de Dios y su Misericordia. A pesar de nuestros pecados y ofensas estamos salvados si así lo decidimos. Eso supone creer y confiar en el Señor.

Nunca perdamos de vista nuestra condición de pecadores, los somos y estamos sometidos a pecar en cualquier momento. Esa es nuestra condición humana, heridos por el pecado original que ya, en el Bautismo, limpiamos por la Gracia del Espíritu Santo para, con Él, superar todas las pruebas y dificultades que nos irán saliendo al paso en nuestro camino. Nuestro destino es destino de cruz y necesitamos ir bien acompañados para no desfallecer y levantarnos.

Pero, nunca desesperemos por nuestros muchos pecados. Tengamos siempre la confianza de levantarnos y de regresar a la compañía del Señor. Él ha venido para eso, para purificarnos y darnos santidad. Sabe y conoce nuestros pecados, pues por ellos ha dado su Vida, y desde la Cruz nos ha lanzado ese grito de Misericordia a todos aquellos que estamos dispuestos a recibirla. Siempre hay tiempo, y siempre estamos a tiempo. 

Lejos de Jesús no hay esperanza de salvación. Todo se oscurece y, aunque el mundo nos ofrece falsos espejismos que nos deslumbran en primer momento, pronto se desvanecen para volver al vacío y la vaciedad. Volvamos a la luz y dejémonos alumbrar por la Gracia del Espíritu Santo.

lunes, 26 de marzo de 2018

EL PRECIO DEL AMOR

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Jn 12,1-11
El amor no tiene precio, pues si no fuera así nosotros tendríamos un precio muy asequible. El Amor que Dios nos da y nos regala es incalculable e infinito. No valemos lo que Dios nos ama y nos valora. Su Amor nos eleva a una categoría Infinita que no podemos pagar. Pero, ese amor que Dios nos regala está sometido al precio de la libertad. Somos libres para corresponderle o para rechazarle.

Y Dios, que nos ama, no puede hacer nada al respecto. Simplemente, aguarda en silencio. El silencio del Amor de Dios, estupenda reflexión, que recomiendo a todos, del Cardenal Robert Sharah: "La fuerza del Silencio". Ese es tu camino y también el mío, llegar a lo más profundo donde mora el silencio de Dios. No cabe ninguna duda que eso supone una intimidad paciente, profunda, perseverante, diaria y silenciosa con Dios. Una cosa es segura, Él nos espera.

No trates de ser ni de hacer sin antes no llegar a Dios. Él es la clave, la medida, el amor y todo lo que realmente somos. Y de Él saldrá todo lo que hagamos. En mi experiencia personal tengo que decir que he tomado casi siempre el atajo del hacer. O, al menos, he pensado que ese es el verdadero camino a seguir, y me he topado con el fracaso, el cansancio, la confusión, la oscuridad y... Porque, sin Él nada puedes. Él sólo basta. Son palabras que otros han dicho y el mismo Jesús ha pronunciado.

Es de sentido común que si llegas al núcleo del amor te convertirás tú también en amor. El fuego derrite al metal y se confunde con él. Si encuentra a Dios quedarás contenido en su amor y serás verdadero amor. Luego, empecemos la casa por los cimientos y busquemos en la profundidad del silencio el verdadero y Absoluto Amor de Dios.

Y esta semana de Gracia, que vivimos en la Iglesia, haciendo viva y actual la Pasión del Señor, nos puede ayudar a dar un pasito más para dejar convertirnos como niños, porque el Amor de Dios nos hace como niños, condición indispensable para entrar en el misterio de Dios.

domingo, 25 de marzo de 2018

LA PASIÓN

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(Mc 14,1—15,47
La Pasión del Señor la hemos oído muchas veces. Quizás, si no de memoria, si sabemos muchos de lo que sucedió, pero lo verdaderamente importante no es saberlo, sino tomar conciencia que en estos momentos también pasa. Porque, la Pasión son unos hechos consecuencia del rechazo a creer en la Palabra de Jesús como Hijo de Dios. Ese rechazo lleva a los hombres a quitar a Jesús de sus vida y a matarlo.

La pregunta sería, ¿estoy yo también hoy condenando a Jesús? ¿Y de hacerlo, cómo lo hago? Sería cuestión de analizar cada cual su vida y ver las actitudes que tomamos respecto con la vida que vivió Jesús. La Palabra de Dios de cada día nos sirve de guía para reflejar mi vida y confrontarla con la Palabra de Dios. No nos será muy difícil ver la simetría o disvergencia de nuestra vida con la Palabra. Y, la conversión, que nos ha sido pedida tanto en este tiempo de Cuaresma, consistiría en ajustarnos simetricamente a su Palabra.

Y eso nos va a exigir una cosa, ir al mismo paso que Jesús, y recorrer su misma pasión trasladada a nuestra vida. Pasión que consiste en vencer mi egoísmo, mi soberbia, mi arrogancia, mis ambiciones, mis ansias de poder, de riqueza, de comodidades, de indiferencia, de individualismo, de pereza, de conformismo, de desidia, de tantas esclavitudes que me llevan a tomar conciencia de mi pobreza y de mis pecados.

 La Pasión de Jesús debe suscitar en mí la reacción de aquel muchaho que, equivocado y tentado por las seducciones del mundo, salió de su casa para vivir su vida por su cuenta. Pronto, tomó conciencia de su pecado y reaccionó levantándose, y venciendo su soberbia creyó en la Misericordia de su Padre regresando a casa. Hablo del hijo pródigo o, mejor, del Padre amoroso que siempre nos espera, a pesar de también nosotros tomar parte en su crucifixión. 

Hagamos el esfuerzo de reflexionar seriamente y de, humildemente, emprender el camino de regreso a casa, confiados en que encontraremos un Padre dispuesto y con los brazos abierto para recibirnos y hacer una fiesta en nuestro nombre por nuestro regreso.

sábado, 24 de marzo de 2018

SUS OBRAS TESTIMONIAN SU DIVINIDAD

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Jn 11,45-56

¡Qué Jesús es el Hijo de Dios, eso lo sabe todo el mundo! Al menos eso es lo que se desprende de las Sagradas Escrituras. Jesús ya no se puede esconder. Sus obras le descubren y le proclaman el Hijo de Dios. Nadie puede hacer lo que Él hace, y la vida, por la que todos suspiran, sólo la puede dar Dios. Luego, la Resurrección de Lázaro, amigo de Jesús, le anuncia y descubre como verdadero Hijo de Dios.

Todos lo habían entendido así, y muchos acudían a casa de María para ver resucitado a su hermano Lázaro por obra de Jesús, y creyeron en Él. Sin embargo, otros no quedaron tan convencidos y acudieron a contárselo a los fariseos y escribas. Estos, sintiendo amenazados su poder, por lo que dirían los romanos, si la fe en Jesús seguía creciendo, convocaron el Sanedrín y decidieron matarle.

Hay una cosa muy clara. Los judíos, tanto los que creyeron como los que no, habían entendido muy bien lo que Jesús había anunciado y revelado por mandato de su Padre. Fue enviado para eso, y esa buena Noticia de salvación fue perfectamente entendida. Otra cosa que no fuese aceptada por todos, y, encima, le costase la vida. Hoy, más de veinte siglos después, poco a casi nada ha cambiado el panorama. Se sigue persiguiendo a los cristianos, y con la misma virulencia y amenaza de muerte. Son muchos los que dan testimonio de su fe en muchos lugares del mundo (Chad, Corea del Norte, África, India, Pakistán...etc.), y otros los que padecen exclusiones e indiferencia que tratan de marginarlo en otros.

Posiblemente, las razones sean las mismas y las medidas a tomar diferentes. Mientras en unos lugares se trata de erradicar su proclamación y anuncio de la buena Noticia, en otros se persigue hasta dar la muerte. El denominador común es la Verdad. Una Verdad que estropea el negocio de los poderosos y el poder de los más fuerte. Una Verdad que descubre la ambición y el egoísmos de los que quieren someter a otros y esclavizarlos según sus ambiciones e intereses.

Si miramos el mundo observamos que detrás de todo esto, a menos que rasquemos un poco, descubrimos que se esconde la ambición y el egoísmo. Compartir y considerarnos iguales y hermanos, hasta el punto de soportarnos y servirnos es algo superior a nosotros. Experimentamos que interiormente lo deseamos, pero, también nos sentimos impotentes para vivirlo. Pero, el problema no se esconde en que no podemos, sino en que, sólo con Jesús podemos superarlo. Ese es el paso previo que tenemos que dar, "aceptar al Señor como verdadero Dios y verdadero Hombre.

Y no lo hicieron aquellos fariseos y escribas del Sanedrín, ni tampoco muchos de otros tiempo, incluido el nuestro, Quizás, hasta muchos dentro de la Iglesia confían en sus propias fuerzas, y ese es el error. Todo nuestro poder está y nos viene del Señor. En Él reside nuestra fuerza, y a Él tenemos que acudir con confianza filial de hijos que suplican su Misericordia.

viernes, 23 de marzo de 2018

UN ÚNICO DIOS

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Jn 10,31-42
No fueron capaces de abrirse al misterio, y, hoy, todavía persisten en lo mismo. Pero, también muchos que, a pesar de ser bautizados, nunca lo han aceptado como un acto de fe, sino más bien como una tradición o costumbre. Por lo tanto, tampoco, a pesar de su bautismo, creen en Jesús. Posiblemente, hoy muchos también le apedrearían sin dudarlo. 

Si preguntas a los hombres, muchos responderán que creen en un Dios, pero un Dios que ellos mismos se imaginan y se inventan. Un Dios abstracto, que posiblemente ha creado la naturaleza y la vida, pero un Dios sin preguntas, sin relación con nosotros y, ¡si acaso!, un Dios para sacarnos de los apuros. Muchos responden: yo creo en un Dios, pero no en la Iglesia ni en los curas. Creo en un Dios, pero no en las sagradas Escrituras. Luego, ¿en qué crees?

Creen en un Dios que ellos mismos se forman, se crean, se gestionan y se juzgan. Creen en ellos mismos, en sus ideas, en sus intereses y egoísmos. Creen en un Dios que no les estorbe ni les mande cosas que les resulten pesadas o difíciles. Creen en un Dios que les guste y se adapte a sus formas de entender, de ver y de pensar. Un Dios que, para cada cual, es diferente. Un Dios que está de acuerdo con lo que pienso, lo que entiendo y lo que quiero. Un Dios ideal para cada cual.

En realidad, resulta que se habla idiomas diferentes. Desde la suficiencia, la prepotencia y la razón humana será difícil entender el Misterio de Jesús. Es el Hijo de Dios y sus Obras lo testimonian. Sus Palabras, llenas de Verdad y de Vida respiran esperanza, alegría y vida eterna. Sus Obras son buenas y benefician al hombre. Son las obras que el Padre le ha mandado hacer, pues el Padre está en Él y Él está en el Padre. Yo y el Padre somos una misma cosa.

Pero, eso no está a la altura de cualquiera. Primero hay que revestirse de verdadera humildad y de despojarse de todo aquello que te impide ver el verdadero Rostro de Dios, que se esconde en Jesús. Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la Vida.

jueves, 22 de marzo de 2018

MÁS QUE UNA HISTORIA

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Jn 8,51-59
Nuestro mayor error está en buscar razones y argumentos que nos demuestren sin lugar a duda que Jesús es el Hijo de Dios, porque no se nos dará a conocer. Él es el Amén del Padre y en el que ha puesto toda su complacencia. Él es el enviado por el Padre y presentado en el Jordán. Él es el recomendado, el predilecto, el Hijo amado al que el Padre nos remite que escuchemos y que hagamos lo que nos dice.

Y no hay más caminos ni más razones. Jesús es el signo del Padre, la prueba más plena y última de la revelación del Padre a los hombres, y el testigo más cualificado y garante que el Padre nos presenta y nos da como testigo de su amor. El es la historia y el plan que el Padre ha pensado para revelarnos su Amor y salvar a todos los hombres. Él es el Camino, la Verdad y la Vida de todo hombre que se precie de amar la vida plena y gozosa en el amor.

A nadie se le ha preparado el camino como a Jesús, el Hijo de Dios. Él fue contemplado a lo largo de la historia de salvación y profetizada su venida. Su Vida ha sido detallada y anunciada palmo a palmo por los profetas y hasta la procedencia de su casa y su nacimiento. Fue profetizado su nacimiento de una Virgen y, su aparición en la vida pública fue ya anunciada por el último profeta a su venida, su primo Juan el Bautista. ¿Cómo es posible que los suyos, su propio pueblo, no le reconocieran?

Tú, Señor, eres el testigo máximo, la prueba del amor de Dios y la Resurrección y la Vida. Son ridículos los argumentos con los que el hombre quiere rechazarte y echar abajo tu testimonio y prueba de amor. Y tan ridículo que comenten disparate tras disparate. La Cruz y la Resurrección es la Palabra de la Palabra. La Vida ha vencido a la muerte y al pecado. Hombre de poca fe, abre tu corazón a la Verdad y déjate invadir por la Gracia de Dios.

miércoles, 21 de marzo de 2018

INSTALADOS EN SU DINASTÍA

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Jn 8,31-42
Confundimos los términos. Muchos se creen mejores que otros por su dinastía o procedencia. En este caso, los judíos se consideraban superiores o con más derecho, por ser descendientes de Abraham. Equivocan los términos y establecen una relación de vínculos que no tiene ningún valor. Porque, lo que nos hace hijos de Dios es la fe y la Gracia del Bautismo. Esa es la verdadera herencia que todos tenemos a nuestro alcance, pues depende de nuestra acogida y de nuestra fe, que, por supuesto, la tenemos que pedir.

Hacemos distinciones, clases y dinastías, y nos valoramos según y en cuanto a ellas. Nada más lejos de la realidad. Estamos unidos por el amor y somos incluidos por la fe. Nuestra procedencia no importa, porque no es un asunto de herencia que nos venga dado, sino que la buena Noticia de la salvación nos viene regalada por la fe. Si crees en el Señor, Él te salvará.

Los verdaderos hijos no son los descendientes, que muchos rechazan, sino los herederos de la promesa, que la aceptan, la acogen y creen en ella. Esos son los verdaderos herederos, que coinciden en la mayoría de los casos con los humildes y pobres, los que, excluidos de toda esperanza, se echan en brazos del Señor como único salvador y dador de Vida Eterna.

La fe es la que nos permite ser heredero de la promesa de Abraham. Sin la fe en Jesús no podemos heredar la promesa de Abraham y, por tanto, alcanzar la verdadera y única libertad que nos lleva a la plenitud y a la Vida Eterna. Por lo tanto, no nos creamos mejores de los demás, ni más herederos por pertenecer a esta u otra parroquia; por pertenecer a este u otro grupo o comunidad. Seamos humildes, obedientes y sumisos por la fe a seguir al Señor postrado a sus pies y viviendo en sus enseñanzas. 

Sintamos la alegría de ser cristianos por el simple hecho de ser hijos de Dios. Hijos, que por el Bautismo, se nos ha dado la fe para heredar la promesa de Vida Eterna. Y, agradecidos por esa Gracia, no nos creamos mejores que nadie, sino simples siervos humildes para hacer su Voluntad.

martes, 20 de marzo de 2018

JESÚS: CAMINO, VERDAD Y VIDA

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A lo largo de toda nuestra vida se nos plantea la identidad de Jesús. Ponemos interrogantes y dudas que nunca dan respuestas concretas al misterio de la identidad de Jesús. Preguntar por la identidad de Jesús es, en mi humilde opinión, preguntarnos por la identidad de Dios. ¿Quién es Jesús? Sencillamente, tal y como respondió Pedro: El Hijo del Dios Vivo.

De la misma manera quiero responder yo. No quiero razonar la respuesta ni darle más vuelta. Sé que tengo razones, pero, también sé que hay dudas y misterios que nunca llegaré a entender en este mundo. Sólo, en la presencia del Señor, en el otro, la luz será total. Para entonces ya no tendrás otra opción que la de recibir lo que en este mundo hayas dado por amor gratuito y desinteresado.

Es absurdo querer seguir al Señor desde nuestras simples fuerzas. No podemos ni estamos preparados para ello. Él no corresponde a este mundo, porque, entre otras cosas, es el dueño del mundo. Nosotros sí, somos de este mundo y para ir al otro tendremos que ser llevado por Él. Le necesitamos y nos ponemos en sus Manos. Es verdad que estos momentos de Pasión son momentos difíciles y de tristeza. Son momentos de aparente derrota y de presunta muerte, y el entorno no invita a la alegría ni a la esperanza.

Jesús experimentó esa soledad de quien se queda sólo ante el peligro. Todo permanece en silencio y la oscuridad se apodera del ambiente. Es necesario este paso para que luego, cuando el Señor sea levantado, la Luz vuelve a la Vida y la salvación sea denominador común en la alegría de todos los hombres. Tú, Señor, eres Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que has Resucitado de entre los muertos, y te has aparecido durante cincuenta días a tus amigos, discípulos y fieles.

Y has constituido tu Iglesia. Esa misma Iglesia que hoy, bajo la autoridad que le viene del Espíritu Santo, el Papa Francisco dirige con mano firme hacia tu Casa. Danos, Señor, la fuerza de perseverar, de seguir tus pasos y no desfallecer.

lunes, 19 de marzo de 2018

EN LA BUENA INTENCIÓN

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Mt 1,16.18-21.24a
Se nota cuando alguien busca, defiende, quiere y vive en la verdad. Porque, a pesar de las dificultades, los tropiezos y errores se descubre la actitud de buena intención que se persigue. Nadie diría de San José que era un hombre con mala o segunda intención, porque eso no se transparentaba en su conducta. Al contrario, todo lo que se dejaba ver era lo que había en él, una recta y buena intención de justicia y de amor.

Por eso, a pesar de no entender nada y no parecerle bien el estado de María, pensó en repudiarla en secreto para no hacerle daño. Se vislumbra su bondad y su buena intención, y su mirada misericordiosa y limpia. Y es entonces, vista la actitud del corazón del hombre, cuando actúa la Mano de Dios y allana el camino de la verdad y de la justicia. José es avisado en sueños y alertado de que lo que está sucediendo es obra del Espíritu Santo.

Y José actúa según la Voluntad de Dios, porque esa ha sido siempre su intención. Por eso tiene el nombre de varón justo. Pero, ¿y nosotros? Porque, si esto es un recordatorio de lo que hizo José, a nosotros no nos vale mucho. José ya hizo lo suyo y ahora nos toca a nosotros. ¿Estamos nosotros atentos a lo que Dios nos pide a cada uno de nosotros? ¿Tratamos nosotros de responder con buena intención todos nuestros actos desde la Voluntad de Dios?

Eso es lo que importa y por donde debe ir nuestro esfuerzo. Y confiar que, a pesar de nuestros fallos, nuestros errores y pecados, el Espíritu Santo nos guía y nos orienta. Es posible que no veamos y que todo se nos oscurezca, pero tengamos confianza que el Espíritu Santo nos iluminará y nos señalará el camino cuando llegue el momento.

domingo, 18 de marzo de 2018

SÓLO LA MUERTE DA MUCHOS FRUTOS

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Jn 12,20-33
Siempre detrás de cada muerte hay un testamento. Un testamento que la propia vida se encarga de descifrar. Se exalta lo bueno de cada persona y, lo malo, casi se ignora o se perdona. Y se entiende que la vida entregada al bien de los demás es una vida que ha dejado buena cosecha de frutos. Es el momento donde todo queda al descubierto, y si algo queda oculto, la mirada divina lo desvelará.

Las Palabras de Jesús en el Evangelio de hoy son determinantes: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará».

Y si no las entendemos corremos un grave error. Esta vida no nos vale, porque es una vida caduca que, bien o mal vivida acabará, y lo que acaba no vale. Buscamos lo eterno, lo que, siendo bueno no acaba y dura en el tiempo. Entonces, este mundo que nos seduce y trata de embaucarnos no nos sirve sino como medio para ganarnos el importante y eterno. Y nos sirve en la medida que odiamos nuestra vida para ganárnosla, porque de amarla y quererla en este mundo, la perderemos. Así nos lo ha dejado dicho Jesucristo, nuestro Señor.

El tiempo camina y se acaba. No es hora de mirar para otro lado ni de contar el tiempo como se consume. Es momento de reaccionar y de ponernos en sus Manos y de no perderlo de vista. Necesitamos sus fuerzas y su Gracia para dar nuestra vida y cosechar los frutos que la generosidad de nuestro amor cultiven para el bien de los demás.

Tratemos de ser luz en nuestro camino. Luz que, como la luna la recibe del sol, nosotros la recibimos de Dios y la, por su Gracia, transmitimos a los demás. El tiempo es oro.

sábado, 17 de marzo de 2018

INTERPRETAN SEGÚN LES PARECE Y CONVIENE

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Jn 7,40-53
Todo en torno a la figura de Jesús se desarrolla en medio de confusión e ignorancia. Unos, porque no saben bien lo que dicen las Escrituras, y otros porque creen que Jesús es el verdadero Cristo. Y se forma un debate a favor y en contra, y algunos quisieron detenerle, pero nadie le echó mano. El lío estaba formado y la disensión situaba al Señor como debate y signo de contradicción entre los hombres. Ya lo había profetizado Simeón -Lc 2, 34- a María cuando fue presentado en el templo.

¿Qué decía Jesús, porque sus Palabras cosechaban asombro y admiración? A nadie dejaba indiferente hasta el punto que muchos quedaban impresionado de oírlo hablar. La respuesta de los guardias, que pretendían detener al Señor, centra la cuestión y nos muestra la fuerza de las palabras de Cristo: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46).

Y esa reacción sólo se tiene cuando lo que se oye te toca el corazón y descubres que es la verdad. Esa Verdad que también está inscrita dentro de ti y al oírla quedas identificado con ella. Porque, tú sabes lo que es bueno, lo que es justo, y lo que tiene sentido común y conviene a la comunidad. Todos sabemos cuando mentimos, o cuando hacemos algo que realmente no está bien. Y, al parecer, por todo lo que se deduce en el Evangelio, las Palabras de Jesús, no sólo son hermosas, sino que hablan en Verdad.

Porque es la Verdad la que te hace libre de tus esclavitudes, de tus mentiras, de tus egoísmos, de todo aquello que te somete y te encadena. Y, realmente, Jesús es la Verdad, es el Camino y la Vida, y sus Palabras producen ese efecto en aquellos que le oyen y abren las puertas de sus corazones para dejarse liberar por ellas.

 Pero, también, es signo de contradicción en aquellos que se cierran a la verdad, a la caridad y misericordia; aquellos que esconden la justicia para otros y la falsean para beneficiarse. Ahí también encontraremos nosotros, los cristianos, la misma piedra de la contradicción, porque no actuamos como lo hace el mundo, sino buscando la justicia, la paz y la verdad injertados en Cristo.

viernes, 16 de marzo de 2018

LE PERSEGUÍAN Y QUERÍAN MATARLE

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Jn 7,1-2.10.14.25-30

Estaba decidido, Jesús les molestaba. La única alternativa era quitarlo del medio, y esa fue la decisión que tomaron. También nosotros entramos en ese papel. No cometamos el error de vernos fuera de esta confrontación con Jesús porque estamos lejos en el tiempo. También nosotros estamos ahí, y lo estamos porque también ponemos en tela de juicio la identidad de Jesús.

Encontrar nuestro momento es de vital importancia. Dar respuesta a lo que significa Jesús para ti es la clave del encuentro con Él. Nos formamos muchos prejuicios y hay muchos malentendidos que tomamos de otros y hasta dentro de la misma Iglesia. Cada cual bebe donde quiere y no donde debe. Se hace necesario ir a la Fuente, la Palabra, y beber en ella la identidad de Jesús, el Señor.

Y hay que ir bien acompañado, porque nos perdemos, entendemos mal y nos confundimos. Es entonces cuando descubrimos la gran misión e importancia de la Iglesia. La Santa Madre Iglesia, que, a pesar de las dificultades y luchas interiores, está guiada por el Espíritu Santo y nos sostiene en el camino de la verdad. Por otro lado, hay que ser paciente y perseverar y, sobre todo tener fe. Pues, entonces, ¿qué es la fe?

La fe la necesitamos para esos momentos de confusión, de no entender muchas cosas y llenarnos de prejuicios y malentendidos. De mucho ruido y poco silencio. Hay que creer y confiar en el Pastor, pues sin Pastor el rebaño se dispersa y se pierde. Ese es el mérito de la fe y que sin ella no podremos salvarnos. Hay que darle un voto de confianza al Señor, porque, también hay muchas razones que así lo sugieren. Es el enviado del Padre, nos lo dice Juan en el Jordán, y el Padre nos lo presenta como el Predilecto. Y nos manda a escucharle y hacer lo que nos dice.

Nos lo revelan las Escrituras y sus obras y milagros, y nos lo dice nuestro corazón, que adormilado por el pecado y la acción del demonio se ciega y se confunde. Pero, a pesar de ello, experimentamos deseos de amar y nos sentimos infelices cuando nos vemos impotente para hacerlo. Necesitamos al Señor para poder amar y ser felices.

jueves, 15 de marzo de 2018

EL PADRE, EL MAYOR GARANTE

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Jn 5,31-47
No podía ser de otra manera. Para un testimonio divino, una Persona divina. Es el Padre quien da testimonio de su Hijo y lo envía a revelarnos su Amor. Ya en el Jordán, el Padre presenta a su Hijo y nos manda a que le escuchemos. No viene Jesús por su cuenta, sino que las obras que hace mandadas por su Padre son las que dan testimonio de Él.

No resulta cuando escuchemso a alguien hablando bien de él. Nos resulta sospechos y muy poco humilde. Inmediatamente nos viene al pensamiento, ¿qué va a decir de sí mismo? Por eso, Jesús, deja claro que su testimonio viene del Padre: Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis.

El garante de Jesús es el Padre, porque todo lo hace en y por el Padre. Ha sido enviado por el Padre y todas sus obras dan testimonio de Él. No hay vuelta de hoja, pero, erre que erre, el hombre sigue incrédulo y obstinado, cegado por las luces caudcas de este mundo que no le dejan ver esa felicidad que busca y que él mismo esconde en su interior. Porque, dentro de ti está la fuente viva de amor de la que brota esa felicidad que tanto ansías y buscas, pero, cegado por las luces de este mundo te impides ver claro donde está tu tesoro.

Todo lo que nos sucede es absurdo, porque leemos las escrituras y no nos damos cuenta que hablan del Señor, de Jesús que es el Rostro de Dios. Las últimas frases del Evangelio de hoy son muy claras y nos vendría bien reflexionarlas y tratar de darle respuesta en nuestras vidas: «Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».

miércoles, 14 de marzo de 2018

JESÚS SE IGUALA AL PADRE

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El Evangelio de hoy es fuerte y decisorio para que los judíos entren a condenar a Jesús. Jesús y el Padre son uno, eso es lo que viene a decir: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores...

Nos habla Jesús de la Resurrección: Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Conectado con el Evangelio de ayer, aquel hombre había pasado treinta y ocho años junto a agua de la piscina. ¿No nos estará también a nosotros pasando eso? ¿Cuánto tiempo pasamos poniendo el centro de nuestra vida en cosas mundanas que no terminan de arreglarnos nada?

Este Evangelio no necesita mucho comentario, sino mucha reflexión: Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo...

Es cuestión de preguntarse, ¿qué realmente buscas en la vida? ¿Todavía estás ciego? ¿No crees que el Señor nos resucitará, tal y como Él Resucitó? Por eso, decía que este Evangelio es para reflexionarlo y darle una respuesta, porque no hay nada que decir: crees o no crees. Y si quieres vivir en plenitud de gozo y alegría eterna, cree en el Señor. No hay otra oferta en este mundo.

Dejamos este espacio para que tú añadas tu respuesta o lo que piensas...

martes, 13 de marzo de 2018

OBSESIONADOS CON LA LEY

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¿Qué es lo que hacemos? Miramos para la ley y los cumplimientos, ¿y las personas? ¿Acaso es la Ley, sus normas y cumplimientos más importantes que las personas? Nuestra obsesión nos pierde, y la causa subyace en la falta de encuentro y silencio. Tendríamos que pararnos para vernos y encontrarnos, nosotros y el Señor. ¿Qué nos dice el Señor? ¿Nos habla de que primero es la Ley y lo Profetas y luego el hombre? ¿Qué nos está pasando?

Posiblemente el ruido de este mundo no nos deja pensar. En ese sentido decía que nos hace falta pensar. En cierta ocasión, hace ya años, tenía un problema y descubrí que tenía que buscar espacios de silencio para ordenar mis ideas. Posiblemente, eso sea también lo que nos está faltando ahora. ¿Qué había en aquella piscina para dar la curación? ¿No suena eso a algo establecido y, quizás manipulado? Es posible que ayudara a desentumecer el cuerpo y que sus aguas tuviesen unas características medicinales, pero la curación del alma no se nos quita con un baño en la piscina.

Y es esa la curación que buscamos, la que nos salva eternamente. Y sólo la podemos encontrar, encontrando a Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida y, no importa el tiempo, está siempre pendiente de ti y de mí. Nos aguarda y nos tiende su Mano de salvación. Él busca tu salvación fuera de la Ley y los Profetas, el Antiguo Testamento, porque, Él es la nueva Alianza, el Amén del Padre, la Plenitud de la Alianza Eterna que Dios ha hecho con su pueblo.

Tratemos de buscar al Señor en el fondo de nuestro silencio, porque sólo en la brisa suave y el silencio. que nos disipa las tinieblas, podemos encontrarnos con el Señor. No lo busquemos en el ajetreo de la piscina, de los tumultos, de los ruidos y los acontecimientos extraordinarios, porque, Él, sólo se encuentra en el silencio, que se fragua en la humildad y en la pobreza de nuestros corazones. Todo lo verdadero y bueno nace y se encuentra en la sencillez y en la Verdad, y viene sin hacer ruido, como brota el amor de una madre y nace el sol cada mañana.

lunes, 12 de marzo de 2018

TAMBIÉN EN LA DISTANCIA PODEMOS CONVERTIRNOS

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Jn 4,43-54
El Evangelio de hoy nos anima y da sentido a nuestra relación internauta, porque, a pesar de nuestra distancia podemos compartir y fortalecernos en la fe. Jesús no se mueve de Galilea y cura al hijo del funcionario real enfermo en Cafarnaúm. Es decir, significamos que la distancia no es impedimento para que la Gracia del Señor actúe. Así, también actúa en nosotros, a pesar de la distancia que nos separa.

Pero, previamente necesitamos creer en Jesús. La fe es indispensable, tal fue la de aquel funcionario que, invitado por Jesús emprendió el regreso a su casa creyendo que su hijo estaba ya curado. Y así fue, próximo a su casa salieron sus siervos a comunicarles que su hijo estaba mejor. Él preguntó a qué hora había mejorado, y comprobó que había sido a la hora séptima, la misma a la que Jesús le había dicho que regresara, pues hijo ya estaba curado.

Ahora, podemos hacernos muchas preguntas, porque también nosotros somos curados a cada momento. Nuestra conversión se realiza a cada instante, porque el Espíritu Santo, enviado a asistirnos y auxiliarnos está en nosotros y realizando el milagro de convertir nuestro duro corazón de pierda, en un corazón de carne. Un corazón confiado y abandonado en su Manos, para transformarlo en un corazón lleno de fe y confianza. 

En esta confianza, ¿podemos nosotros también regresar a casa confiados en que el Señor sana nuestro corazón y nos convierte? ¿Se lo pedimos con la fe que lo hizo el funcionario real? ¿O, por el contrario, necesitamos que el Señor esté presente? Creemos que también nosotros, por la Gracia y la acción del Espíritu Santo, podemos fortalecernos, asistirnos, animarnos, alegrarnos y hasta convertirnos con nuestro diario compartir? ¿Pensamos y creemos que, a pesar de las distancias, podemos evangelizar y evangelizarnos creciendo en conversión?

Pues, si así lo creemos, tal y como ocurrió en Galilea con el hijo de aquel funcionario real que yacía enfermo en Cafarnaúm, creamos también que el Señor, el mismo Señor que hizo aquel milagro a distancia, puede también hoy darnos la fe a distancia por medio de cualquier persona que Él decida. Sólo nos falta confiar y tener fe en Él.

domingo, 11 de marzo de 2018

UN DIOS QUE NOS AMA

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Jn 3,14-21
Hoy se plantea la presencia de Dios de otra forma, pero antiguamente se nos mostraba a un Dios justiciero e implacable. Digo esto porque en mi niñez se nos mostraba a un Dios que castigaba a los malos y premiaba a los buenos. Un Dios que nos miraba apuntando todo lo que hacíamos mal. Posiblemente, era la época de la enseñanza con castigo y con látigo y la religión no era una excepción.

Sin embargo, no ha sido esa la intención de mostrarnos a Dios de la Iglesia. Posiblemente, el Espíritu Santo ha ido guiando y purificando a la Iglesia para mostrarnos a un Dios amor. Un Dios que nos ama sin pedirnos nada a cambio. Un Dios que simplemente envía a su Hijo para revelarnos que Él sólo nos quiere amar. Y eso hace Jesús, amarnos sin exigirnos nada. Hagas lo que hagas, Jesús te ama y da su Vida por ti.

Y eso debe ayudarnos a descubrir el amor y la misericordia de Dios. No me salvo por todo lo bueno que haga. Mis obras no me valen para nada.¿Ves bien lo que escribo? Mis obras no valen para nada. A ver si me voy a creer que me voy a salvar por mis obras. Hasta ahí podía llegar mi soberbia y suficiencia. ¿Creo que por mis obras me voy a salvar? No, nada de eso.

Me salvo por mi fe. La fe es la que me salva, lo dice claramente Jesús en el Evangelio de hoy: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por Él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que...

Es la fe la que me dará Vida Eterna. Claro, es de sentido común saber que esa fe dará frutos, y esos frutos serán mis obras. Eso es otra cosa. Es decir, mis buenas obras son productos y consecuencia de mi fe. No me salvan ellas, sino mi fe. La fe en Jesús de Nazaret, que ha sido enviado, no para juzgarme ni condenarme, sino para salvarme. Jesús simplemente me ama, a pesar de toda mi resistencia y desprecio. Meditemos, porque así también, por la Gracia de Dios, también tenemos que amar nosotros.

sábado, 10 de marzo de 2018

ACTITUD INQUIETANTE

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Lc 18,9-14
El hombre es un animal racional inquieto. Al menos así debe mostrarse y comportarse, porque su inquietud no debe parar hasta descansar en el Señor, su dueño y Dios, al que está destinado llegar. Siempre estaré inquieto, Señor, porque me sé pecador y débil ante el pecado. Me experimento vulnerable y pecador cada día, y necesito tu Mano para asirme y levantarme sobre mis miserias, que me hunden y separan de Ti.

Siempre me moveré entre la inquietud de fallarte, Señor, y de no responder a tu Amor. Hoy, me expones esta parábola del fariseo y publicano para descubrirme tu Voluntad. No quieres sacrificios ni cumplimientos, sino un corazón contrito y arrepentido del dolor de no corresponder a tu Amor y Misericordia. Mi conversión empieza por reconocerme lo que realmente soy; mi conversión empieza por saberme pobre, necesitado, pecador, enfermo e inquieto por limpiar todas mis malas acciones que perjudican a los demás.

Porque, mi amor al Señor y cumplimiento de su Voluntad está en relación directa a mi comportamiento con mis hermanos. Mi amor y misericordia llegaran a oídos del Señor, por expresarlo gráficamente, en la medida que yo las practique con mi prójimo. Esa es la actitud inquieta que debo tener activa y encendida dentro de mi corazón y la que debe moverme a amar, impulsado por el Amor de Dios. De manera gratuita e incondicional.

Porque, Dios me ama tal y como soy, que es como me ha creado. Sin pedirme nada, sólo busca mi bien y mi salvación. Y, el sentido común, me dice y me empuja a dejarme llevar por su amor, porque en eso consiste mi felicidad y mi gozo eterno. Por eso, es bueno estar inquieto, expectante, atento y en constante movimiento interior, es decir, en actitud de búsqueda, para crecer en conversión según la Palabra y la Voluntad de Dios. 

Y eso debe, no relajarnos, sino abandonarnos en Manos de la acción del Espíritu Santo que nos modela, nos impulsa, nos dirige y va creando nuestra alma a imagen y semejanza de Dios. Pongámonos, pues, en sus Manos.

viernes, 9 de marzo de 2018

BUSCANDO DONDE AMAR

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El hombre está en continúo movimiento, aunque aparentemente parezca que está quieto, instalado y parado. No, nada de eso, se mueve constantemente, aunque eso no implique que tiene que caminar o trasladarse de un lado para otro. Su corazón no deja de latir y está siempre en alerta y estado de busca. Interiormente, hasta durante el sueño, el hombre busca y camina ¿Por qué? Porque el hombre está hecho para ser feliz eternamente y en este mundo no lo consigue, por eso busca y busca.

Razón tenía San Agustín al decir: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti." Y es que no hay descanso mientras andamos por estos lares. Por eso, no nos queda otro remedio que estar en continúo desasosiego y movimiento. El hombre para ser feliz necesita amar. Sin amor se siente vacío, inútil, sin sentido. Necesita darse, experimentarse útil y entregarse. Y eso sólo se lo da el amor.

El hombre ha sido creado por amor y sólo amando se encontrará a sí mismo. Por eso, su primer impulso debe ser amar. Pero, ¿amar cómo? ¿Dejándose llevar por su propio egoísmo y ambición? ¿Respondiendo a sus propias pasiones y satisfacciones? Sería su error más grave, porque caería hundido en sus propios egoísmos que le conducirían al vacío, al sin sentido y a la perdición.

La referencia es Jesús que está unido al Padre. Y ambos se aman eternamente. La meta es estar unidos como el Padre y el Hijo lo están y forman uno. El fundamento de nuestra vida es el amor a la única y verdadera fuente de Amor, Dios. Y la forma de demostrarlo y concretarlo es volcando ese amor en el prójimo. Es la única forma de verificar que realmente ama a Dios. 

Porque, si dice que amas a Dios, pero no al prójimo, estás mintiendo. Sólo, verificado tu amor verdadero al prójimo dejas ver y testimonias tu amor a Dios.

jueves, 8 de marzo de 2018

CEGADOS POR LOS PREJUICIOS


Resultado de imagen de Lc 11,14-23Nos sentimos muy inclinados a los prejuicios, sobre todo con aquellas personas que nos caen mal. A todo lo que hacen le buscamos el lado malo y tratamos de minimizar lo que tienen de bueno. Por el contrario, a los que nos caen bien le ensalzamos y magnificamos todos sus actos. Incluso, los malos tratamos de darle la vuelta y presentarlos como no tan malos.

Jesús sufrió esa persecución por todos aquellos que veían en Él malas intenciones hiciese lo que hiciese. Les sentaba mal lo que Jesús decía y se sentían amenazados por su Palabra. Estaban en juego sus poderes y sus estatus y no pasaba por sus corazones cambiarlos. Por eso. autoengañados tergiversaban la realidad y achacaban el poder de sus milagros: multiplicar panes, expulsar demonios o curar enfermos por  mediación de Belzebú, el príncipe de los demonios. El fin era desacreditarlo.

Y se resistían a la realidad. Ellos empeñados en su erre que erre no veían otra cosa. Obstinados en quitar a Jesús del medio, pues les estropeaba todos sus montajes y sus poderes religiosos con los que gobernaban y manipulaban al pueblo. Lejos de buscar el bien del amor y la misericordia, se sumergían en un mar de prejuicios que les cegaban. 

Y ante el asombro del pueblo, los influyentes y sabios buscan echar abajo la Palabra y obras de Jesús. Tan cegados están que argumentan disparates. Es absurdo presentar a Jesús como colaborador de Satanás, pues, ¿cómo va expulsarlo? Porque, Jesús expulsaba demonios. Por eso les dice: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae. Si, pues, también Satanás está dividido contra...

La divisiones nos separan y nos distancian. Por el contrario, la unidad nos une y nos fortalece, y a eso estamos llamados, a permanecer unidos en el Señor, para que otros más fuertes no nos puedan separar. Porque, si no estamos con el Señor, estaremos contra Él y quedaremos a merced del demonio, pues si no recogemos en y con el Señor, perdemos y desparramaremos nuestros tiempos y nuestras vidas.

miércoles, 7 de marzo de 2018

JESÚS, LA LUZ QUE NOS ILUMINA EL CAMINO

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Mt 5,17-19
El hombre, dejado de su mano, se desorienta y se pierde. La experiencia nos descubre cuanto nos cuesta ponernos de acuerdo, e incluso, después de llegar a una conclusión, siempre quedan desacuerdos y diferencia. Somos, por nosotros mismo, incapaces de estar todos de acuerdo. Por eso necesitamos una Ley que no oriente y nos señale el camino. Y esa Ley se nos dio a través de Moisés. A él fue entregado el decálogo, que nos orienta el camino de salvación.

Pero, al final, en la plenitud, llega Jesús, y nos dice: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento... Nos señala el camino y lo perfecciona dándole sentido y poniendo en primer lugar al hombre, a la criatura de Dios. Él es el objeto del Amor del Dios y en él pone su Espíritu. Y a él es enviado el Hijo, para revelarle el Amor del Padre y a darle cumplimiento a la Ley. Un cumplimiento que se concreta en el amor.

Y este empeño de Dios enviándonos a su Hijo nos descubre el interés que tiene por salvarnos y por revelarnos el camino. Y nada mejor para ello que intimar y conocerlo. Porque, sólo conociéndole seremos capaces de amarle y de seguir sus instrucciones y mandatos. Porque, en ellos busca nuestro gozo y felicidad que nos llevan a la Vida Eterna.

Es pues necesario conocer la Palabra del Señor y saber nuestra raíces judías que le dan sentido y profundidad a nuestra fe. Es un pueblo elegido, en él estás tú y yo, y hemos sido rescatado de la esclavitud de nuestra naturaleza humana, encadenada por el pecado, para ser liberados y llamados al gozo y a la plenitud de la Vida Eterna. 

Se trata, pues de ir limando nuestro caminos y purificando nuestras pasiones y pecados para encontrarnos con el Señor puros y dóciles a su Palabra.

martes, 6 de marzo de 2018

EL PERDÓN, ALGO INALCANZABLE PARA EL HOMBRE

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Mt 18,21-35
Nuestra naturaleza humana no nos permite perdonar. A lo sumo lo podemos hacer una o dos veces, pero eso de soportarte y aguantar tus ofensas e insultos no va con nuestra naturaleza humana y no lo resistimos. ¿cómo puede Jesús, el Señor, pedirnos que perdonemos? Lo asombroso es que nos lo pide, pero nos perdona Él primero. Perdona nuestra poca fe; perdona nuestras ofensas e indiferencias; perdona nuestra terquedad y nuestra incapacidad para amar. El Señor no se cansa de perdonarnos. Su paciencia es Infinita.

Y, siendo tan bueno, ¿cómo que nos impide algo imposible para nosotros? No encaja eso en el testimonio de Amor que nos demuestra el Señor dando su Vida por salvar la nuestra. Algo debe de haber que nosotros no entendamos. Necesitamos, pues, fiarnos, creer en Él y confiar que si nos lo pide es porque podemos hacerlo. La clave está en no intentarlo desde nuestras propias fuerzas, porque fracasaremos. El secreto está en hacerlo injertado en Él. Dejarnos asistir y auxiliar por el Espíritu Santo. Entonces sí podremos vencernos y ser capaz de amar como Él nos propone.

Siempre nos será difícil,  pero en Él podemos salir victorioso y crecer en amor. Ese es el mandato del Señor, amar como Él nos ama, y eso supone perdonar también como Él nos perdona. Un perdón que no busca recompensa ni respuesta, sino simplemente perdonar, porque en el perdón está tu propia felicidad. En la medida de tu amor y perdón se esconde tu felicidad. Esa felicidad que buscas y que anhela y que, quizás, estabas buscando en el poder y el dinero. Y que sus resultados te dejaban más vació e insatisfecho.

Jesús nos pone el ejemplo de aquel rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos en donde observamos como responde el hombre a la compasión que su rey tuvo con él, respeto a la que tiene él con uno de sus compañeros que le debía.  Y es que el hombre, echadas las cuentas, se niega a perdonar o mide estrictamente su perdón a la baja, buscando quizás un beneficio o algo que le dé ventaja o cierto interés. La gratuidad no existe en nuestros endurecidos corazones. Pensemos en la necesidad que tenemos de perdonar, porque también nosotros necesitamos ser perdonados.

lunes, 5 de marzo de 2018

EL PELIGRO ESTÁ EN CASA

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Lc 4,24-30
Es la batalla de cada día. Está junto a nosotros, porque siempre hay alguien junto a nosotros, pues no podemos vivir sólo. El hombre es un ser en relación y necesita del otro para vivir. Por eso se agrupa en pueblos y se organiza en convivencia. Pero, la convivencia se hace difícil, y más cuando hay vínculos de parentesco. Nadie es profeta en su tierra.

Son palabras que pronunció Jesús y que sufrió Él mismo. Su Palabra fue rechazada por su propio pueblo, y allí no fue bien acogido. Él es el Profeta enviado por el Padre, pero es rechazado. Él, en el que se cumple todo lo profetizado es arrojado fuera de la ciudad y sus Palabras les llenan de ira. También había ocurrido así con todos los profetas anteriores a Jesús.

Y a nosotros, si queremos cumplir con nuestro compromiso de Bautismo, ser sacerdote, profeta y rey, pasaremos también por esa cruz. Porque, la verdad siempre dolerá y nos hará la vida difícil e imposible. Sólo con Jesús podremos salir adelante y vencer esas dificultades con verdadero amor. Así lo hizo Jesús y continúa haciéndolo. Él vino a amar, precisamente a los enemigos, porque son ellos los que lo condenaron a muerte. Y, a pesar de eso, les amó. También nosotros, si queremos seguirle tendremos que hacer lo mismo. No queda otra alternativa. Hay que confiar y tener paciencia y creer que Él nos dará la capacidad y las situaciones para superar todas esas dificultades.

Ese es el peligro, y está dentro de nosotros. La enfermedad es que nos cuesta amar, y tenemos que amar. Amar al enemigo, porque a los amigos no es tan difícil. Amar, a pesar de ser rechazado como lo fue nuestro Señor Jesús. Por eso, llegará primero la Palabra a aquellos que, aún siendo extranjeros, son capaces de abrir sus corazones y creer. El Evangelio de hoy nos pone el ejemplo de dos paganos que fueron agraciados con la Gracia de Dios a través de Elíseo y Elías.

domingo, 4 de marzo de 2018

CON DIOS TODO SOBRA


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Jn 2, 13-2
Nuestra relación con Dios no puede estar mediada por otros intereses que no sea la propia relación de un hijo con un Padre. El Padrenuestro que Jesús nos enseña describe meridianamente esa relación. Es la relación de un Padre con un hijo, que le adora, le santifica, le obedece, le pide y trata de imitarle en el perdón que de Él mismo recibe.

Por eso, el templo, lugar donde se produce esa intimidad, personal y comunitaria, no puede convertirse en un lugar de esparcimiento, de encuentros con otros al margen de la presencia del Señor. De intercambios y negocios y de ruidos que ensordecen la relación personal con el Señor. Estamos en la presencia del Señor y con y en Él todo lo demás sobra o debe ser postergado. Es la Casa del Padre y el lugar donde acudimos a visitarle, pues está presente sacramentalmente.

No ha de extrañarnos que Jesús se comportará en esos momentos de forma algo airada al ver en lo que estaban convirtiendo la Casa de su Padre. Quería dejarnos claro la finalidad y la esencia de lo que significa la Casa de su Padre. Es el lugar por excelencia donde acudimos a vernos con Él. No podemos convertirlo en otra cosa. La verdadera religión consiste en una relación gratuita, voluntaria y confiada con Dios.

Y había que dar un toque de atención. Y quizás también hoy hay que darlo, porque nuestras iglesias se están convirtiendo en lugares de bullicios, de encuentros amistosos, de ruidos y cuchicheo que se aleja del verdadero sentido del encuentro con Dios y los hermanos. No digo que no se hable o se diga lo que se tenga que decir, pero siempre en la presencia de Dios y con el debido respeto. Pero, para hablar de otras cosas de otra índole o materia debemos salir afuera.

Hagamos el esfuerzo, más ahora en cuaresma, guardar el debido silencio y la compostura correcta, porque estamos en la Casa del Padre, donde está Jesús presente bajo las especies del pan y vino y en donde tenemos la oportunidad extraordinaria de relacionarnos con Él de cara a cara.

sábado, 3 de marzo de 2018

LA ESPERANZA DE SABER QUE MI PADRE ME ESPERA

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Lc 15,1-3.11-32
La Misericordia de Dios es la tabla de nuestra salvación. Por su Inmenso Amor Misericordioso vivimos en la esperanza de regresar a su Casa. Esa Casa de donde hemos salido, porque de Él venimos y a Él seremos devueltos, pero queremos llegar arrepentidos y con dolor de contrición de todos nuestros pecados e ignorancias vividas en el peregrinar de nuestro camino.

Queremos vivir esa experiencia del hijo que, salido de su casa creyéndose capaz de alcanzar la felicidad por su cuenta, experimenta el error de su ignorancia y el dolor de su pecado. También, nosotros, Padre del Cielo, hemos querido marcharnos de tu Casa y enfrentarnos al mundo por nuestra cuenta. Creyendo, incluso, que son mejores nuestros planes que los tuyos. 

Ahora, experimentado nuestro error, nos damos cuenta de nuestro pecado y te pedimos fuerza para levantarnos y, humillados, encontrar la fortaleza de iniciar el regreso. Es decir, la conversión. La esperanza es lo último que se pierde y ella nos sostiene en pie y en camino. Saber que tengo un Padre que me espera y que me quiere es una gran bendición. Eso hace renacer la esperanza y la motivación de levantarte y emprender el regreso.

Un Padre que también es Madre, como nos recuerda aquel cuadro de Rembradt, conservado en el museo de Hermitage en San Petersburgo (Rusia), donde se observa ese abrazo lleno de ternura fraterna y materna del Padre y la diferencia de sus dos manos señalando la feminidad de una y la masculinidad de la otra. Y ante esta acogida y recibimiento, es bueno reconocerte pecador e hijo inmerecido e indigno de ser perdonado. Es bueno experimentar la Misericordia del Padre, que no se cansa de esperarte y que siempre tiende sus brazos abiertos a tu arrepentimiento y dolor de contrición.

Es bueno, digo, darte cuenta del Amor gratuito del Padre. Un Padre que te ha regalado todo y que espera que regreses a Casa, porque es en ella donde está todo lo que buscas, tu plena felicidad y Vida Eterna.