ÚLTIMAS REFLEXIONES

ÚLTIMAS REFLEXIONES

DE DODIM A AGAPÉ

↑ Grab this Headline Animator

miércoles, 21 de febrero de 2018

LA ÚNICA SEÑAL, LA CRUZ Y RESURRECCIÓN

Resultado de imagen de Lc 11,29-32
Lc 11,29-32
Buscamos pruebas y señales que nos convenzan, pero, a pesar de tenerla delante no las reconocemos ni la aceptamos. Buscamos seguridades y como las pruebas no nos la dan, saltamos como de flor en flor buscando toda clase de seguros que nos den esa seguridad que anhelamos. Y lo que conseguimos es desesperarnos y estresarnos. Porque, por mucho que busquemos, sólo Jesús nos dará la seguridad y la paz.

Buscando lo que nunca podremos encontrar en el mundo tapamos todas las rendijas posibles por donde pueda entrar Dios en nuestra vida. Queremos estar seguros según nuestra razón y no damos entrada a nada que sea contrario a lo que pensamos. Pero, ¿cómo pensamos? Pensamos según nuestros sentimientos y pasiones y no dejamos tiempo ni espacio para nada más. Dios no es sino un reto, que no nos convence y al que no damos ninguna oportunidad. Queremos que se nos presenta y nos demuestre su poder, y si no es así, buscamos por nuestra cuenta y según nuestra razón.

Y llegamos al estrés y a la depresión. Nos enredamos en este mundo absurdo que no tiene sentido sin Dios. Porque, vivir para morir tiene muy poco sentido. La fe es la única esperanza que puede dar la vuelta a este camino mundano absurdo. La fe en la esperanza de la Resurrección, que es lo que nos ofrece Jesús, siendo Él el primero en resucitar. No hay ni habrá otra señal. Jesús es la prueba, el signo, el camino, la verdad y la vida.

Pero, la fe es un proceso, es un camino, es un riesgo y una aventura. Y es como debe ser, porque sólo así puede convertirse y tomarse como nuestro único mérito ante la llamada que Dios nos hace. Responder a esa oportunidad infinita que Dios nos regala es - entre paréntesis - nuestro gran mérito. Es decir, creer y fiarnos de la Palabra del Señor correspondiendo a esa capacidad y libertad que Él nos ha dado para decidir seguirle y creerle o rechazarle y no creerle.

Y no tenemos mucho tiempo para decidirnos. Hay que tomar parte en esta decisión y optar por un camino u otro. Se nos va la vida y el lunes, el Evangelio de Mt 25, 31-46 lo dejaba muy claro. Es para tomárselo en serio, porque nos jugamos la vida eterna. Esa que todos tanto buscamos.

martes, 20 de febrero de 2018

EL PAN DE CADA DÍA

Imagen relacionada
Mt 6,7-15
Es frecuente enredarnos con nuestras propias palabras hasta el punto que ni nosotros mismos nos enteramos de lo que decimos o pedimos. Buscamos oraciones enrevesadas y complicadas y nos perdemos en lo fundamental y en la claridad de lo que verdaderamente necesitamos. Jesús, el Señor, nos invita a no divagar ni rebuscar palabras y formas suplicatorias. Simplemente, ir al grano y ser claro.

El Señor sabe lo que nos hace falta y conviene, por lo tanto, ahorremos muchas palabras y encrucijadas verbales que nos enrollarán y confundirán. Conociéndonos, Jesús nos enseña a orar enseñándonos la oración del Padrenuestro. Una oración sencilla, breve y clara. Pedimos lo que necesitamos, el pan de cada día, y nuestro Padre, que nos conoce, sabe lo que realmente nos viene bien. Otra cosa es lo que nosotros estamos pensando y deseando. Quizás, pedimos más de lo que necesitamos y eso nos estropea y acomoda.

Pedimos que nos perdone nuestras ofensas, también como nosotros debemos esforzarnos en perdonar a los que nos ofenden. Porque, comprendemos que no está bien pedir perdón y, nosotros, no perdonar. Todos nos damos cuenta que en la medida que pedimos perdón para nosotros, también debemos perdonar a los demás. Sin embargo, también todos experimentamos que nos cuesta mucho perdonar, sobre todo a los enemigos. Y, por eso, perdimos ayuda al Señor.

Vivimos en un mundo peligroso, donde el mal que hacen unos recae e influye en otros. Necesitamos limpieza y purificación para que el ambiente sea bueno y se llene de justicia, fraternidad y amor. Y eso depende de cada uno, porque el todo está formado por los unos. También, terminamos nuestra sencilla y simple oración pidiendo esa liberación. Padre, líbranos del mal que nos rodea.

Como podemos experimentar no hace falta más. Simplemente pedir por el pan que necesitamos; pedir por la capacidad de perdonar a nuestros enemigos, y para que el Señor nos libere del mal que nos rodea.  Y terminamos con un esperanzador amen.

lunes, 19 de febrero de 2018

AYÚDAME, SEÑOR, A APROBAR EL EXAMEN DE AMOR

Resultado de imagen de Mt 25,31-46
Mt 25,31-46
El resultado final se hace sobre el amor. Toda nuestra vida se reduce a saber amar y a vivir amando. Y amar es servir y perdonar. Porque para servir hay que también perdonar. Perdonar a todos aquellos que no corresponden a tu servicio ni valoran tu hospitalidad y caridad. Amar por encima de todos esos prejuicios que te inclinan a hacer lo contrario. Amar desinteresado.

Hay mucha gente que ama, pero ama de una manera interesada. Es decir, ama a los suyos, a sus hijos, esposa y familia en general, pero se olvida de amar al desconocido, al prójimo que tiene cerca y sufre carencias, padece hambre o enfermedad y se encuentra solo. Olvida al que está encarcelado, prisionero de la droga y vicios y sometido a la esclavitud de sus pasiones y sentidos. 

Su amor queda mutilado, porque sólo ama en una dirección. Sin embargo, experimentan lo que es amar y lo dan todo por sus hijos y familia. Ignoran el gozo y la felicidad que se pierden cuando ese amor se expande a otros ambientes, sobre todo a los más pobres. Ignoran esa capacidad recibida de amar, que queda interrumpida por el rencor, la desconfianza, la inseguridad, el temor y el egoísmo de mirar solamente para sí y los suyos. Jesús nos advirtió de ese nuestro pecado individualista y egoísta al mandarnos a amar a los enemigos, porque todos, por naturaleza, tendemos a amar a los nuestros y amigos.

Y es que Él nos ama a todos, incluso a los que le insultan, le rechazan y le crucifican cada día con sus desplantes, sus indiferencias y sus pecados. Está pendiente de todos, sobre todo de los más pobres y pecadores. Nos busca y nos invita a cambiar y convertirnos. Y ahora es momento de conversión y de amor. Busquemos la fuerza del Espíritu para que nuestros corazones sean más generosos, caritativos y dispuestos a darnos en servicio y caridad.

No olvidemos que Jesús vendrá a buscarnos y a descubrir nuestra generosidad y nuestra actitud de servicio y de amor. Nada importa sino el resultado de nuestro amor. Un amor recibido del Señor y entregado, también por amor, a los hermanos. Ayúdanos, Señor, para estar a tu derecha cuando vengas a buscarnos.