sábado, 15 de julio de 2017

TRAS LA SANGRE DE CRISTO

(Mt 10,24-33)
Seguir el camino que Jesús ha trazado es aceptar un camino de sangre y sufrimiento. El fue llevado como cordero mudo para ser trasquilado y no abrió su boca para quejarse. Soportó todo insulto y malos trato, y no hizo nada por defenderse. Acepto todo insulto y reproches de Pilato y del Sanedrín, sin responder ni tratar de defenderse -Hch 8, 26-25.

Es a ese Jesús a quien seguimos. Un Jesús llevado como oveja muda para ser trasquilada; un Jesús que no protesta y, siendo injustamente sentenciado, acepta su condena y sufrimiento. Por tanto, nuestro camino está marcado por el dolor de resistir ante la mentira, la violencia y la condena que rechazan al Señor y a todos sus seguidores. Sufriremos como Él, sin embargo, todo saldrá a la luz, nos dice el Señor.
No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

Tengamos miedo sólo al pecado. Es decir, a romper nuestra amistad con el Señor, y a dejarnos dominar por el diablo. Porque es ese el que nos puede desviar del camino que Dios nos señala. Confiemos en la Palabra del Señor y que Él estará siempre con nosotros, y nos defenderá llegado el momento del peligro.

Y no olvidemos sus Palabras: Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos».

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