jueves, 9 de enero de 2014

JESÚS SOBRE EL AGUA

(Mc 6,45-52)


Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús con prisas, prisa porque deseaba buscar un espacio para hablar con el Padre, un espacio de oración. Primero se ocupa de despedir a la gente, pero manda a los apóstoles a Betsaida, y cuando termina se retira a orar.

Y es que hay que buscar tiempo para dedicarlo a la oración. Y muchas veces tendremos que despedirnos o despedir a otros para encontrar el espacio necesario para estar a solas con el Padre Dios. Es cuestión de saber cuándo una cosa y cuando la otra; es cuestión de discernir cuando lo uno se antepone a lo otro. Por eso necesitamos ponernos en Manos del Espíritu Santo.

Sin embargo, el criterio que podemos deducir de este pasaje de Jesús es la importancia de la oración, y la necesidad que tenemos de buscar espacios, en este mundo nuestro tan agitado y rápido, para estar con el Señor. Pero un deseo ansiado, querido, deseado, causado por el descubrimiento que sólo en Él puedo encontrar sentido y gozo a esta vida. Sólo así puede sostenerse nuestra oración y no quedarse en un mero cumplimiento.

Meter, en nuestra vida práctica y laboral, los propósitos de la oración, y la oración como consecuencia de las implicaciones y dificultades de nuestra vida. Un binomio que nos llevará a estar plenamente en contacto con el Señor.


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